Palabras, palabras, palabras…

6 Marzo, 2007

¿Estás seguro?

Archivado en: Delirios de Hamlet — Darthz @ 11:30 pm

Imaginemos que alguien se sienta sobre su escritorio, al igual que hago yo ahora, y comienza a escribir. El folio en blanco es repleto de letras, mensajes, imágenes e historias; y se crean personajes y estos recrean tragedias y comedias y todo tipo de situaciones, entonces comienza a ser la gran obra de su vida. La tiene en tal aprecio que es incapaz de deshacerse de ella, y la guarda en un cajón donde durante años y años no hace más que coger polvo. Allí, en el olvido y en el recuerdo, permanecen todas esas historias durante un tiempo desconocido a nuestra mente.

Acabamos de nacer. Nos han creado mediante unas pocas líneas. <<Jesús se acercó hacia su amigo Pedro y le confió su mayor secreto>>, ya existe también Pedro, además, es una persona en la que puedes confiar cualquier identidad que a otro no quieras mostrar. <<El mundo pareció sumirse en una oscuridad tenebrosa>>, hay eclipse de luna y Jesús y Pedro hablan deliberadamente sobre la luna y las estrellas en un lugar muy remoto a nuestra imaginación. Nace entonces un vínculo, una promesa, una amistad.

<<Acometió con rapidez y ferocidad contra su nuca arrebatándole la vida en un momento>>, Pedro es asesinado por Jesús, un Mesías de la muerte; unas circunstancias que no necesitas conocer circundaron tanto en su entorno que tuvo, irremediablemente, que acabar en tragedia; la luna llora por su pérdida, pero el mundo ni siquiera se inmuta. <<Andrea llegó al instituto justo a la hora en que aquella nota había aparecido en su vida>>, un día enigmático aparece en el correo de Andrea una nota en la que se expresa un deseo que la llevará a conocer a una persona con la que nunca antes se había encontrado, pero que curiosamente morirá con ella en sus brazos. <<No atisbó que su mujer le gritaba desde la otra ventana cuando el salto lo precipitó al vacío>>, y así muere el hombre que de joven era más feliz que ninguno, el hombre que lo tuvo todo y nunca perdió nada.

Imaginemos que ese alguien vuelve al tiempo y abre el cajón, desempolva aquél montón de folios y los quema. ¿A dónde nos llevas, maldito escritor? El fuego empieza a calcinar cualquier resquicio de blancura y todo muere en sus manos invisibles. <<Curiosamente, cuando aquél hombre destruyó aquella obra que durante tantos años de su vida le había tenido hechizado y que entonces apenas recordaba, unos toques de bastón en su puerta harían que su futuro cambiase para siempre>>.

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