Palabras, palabras, palabras…

10 Marzo, 2007

Kafka en la orilla

Archivado en: Literatura — Darthz @ 2:40 am

Pocas veces se ha escrito un canto tan sencillo y a la vez mágico a la soledad. Porque si algo nos queda seguro después de haber leído “Kafka en la orilla” es el halo solitario y fantástico que cubre toda la novela, y la certeza de que para escribir grandes obras también es necesaria la belleza de la sencillez y la cotidianidad de las cosas de nuestro mundo, esas pequeñas historias que al fin y al cabo conforman todo esto que llamamos vida.

La novela entera es un paso por toda nuestra historia. Rebosa de tragedia y literatura griega, con referencias a las grandes obras de la literatura clásica, del cine y hasta nos acaba dando lecciones de música clásica. Nos acompaña la insignia de Edipo que marcará el rumbo inicial de la historia de nuestro joven protagonista. El libro tiene reminiscencias de Kafka, de nuestra siempre común Odisea, que Homero inmortalizaría en todos los pasos que damos en nuestra vida, así, aquí nos volverán a lanzar el mensaje de que lo que importa es el camino y no la vuelta de la travesía. Durante toda la novela se nos muestran grandes compendios de la filosofía que nos han ido dejando importantes hombres durante muchos años y se nos enseña a la vez que se nos alienta con una historia absorbente, trepidante y genialmente entretenida. Podríamos decir que esta magnífica novela es una rapsodia de todo lo bueno que hubo y se nos enseñó desde que el hombre conoció el instrumento de la comunicación, no dejando nunca de lado la inolvidable pluma de Shakespeare, el cine de Truffaut y la mirada lejana de un adolescente que nunca murió.

El protagonista tiene un gran parecido con el Antoine Doniel de Los 400 golpes. Imbuido por la maldición de Edipo, huirá de su destino obviando que su destino siempre lo llevará colgando sobre la espalda, al igual que el joven que se haría rey matando a su padre y acostándose con su madre. Se marchará de casa en su decimoquinto cumpleaños, aunque no irá solo, sino con una voz que lo acompañará durante toda la travesía, el joven llamado Cuervo, lo que podríamos llamar como la voz de su conciencia. Su historia, que a simple vista puede parecer simple, irá convirtiéndose en toda una trama enrevesada que cada vez dejará más paso a los sueños que a la propia realidad, acabando en un bosque fantástico en el que el tiempo no existe, conducido por unos derroteros insospechados hacia el embarque del peligro al que siempre estamos sometidos cuando dejamos de ser cobijados por nuestros padres.

Un racionalista empedernido no debe de leer esta novela, pues en ella, aunque en un principio no lo parezca, rebosa una fantasía que será la magia que rodee finalmente toda la novela, la belleza de un sueño, el estrafalario mundo de lo desconocido. No es literatura oriental difícilmente masticable para un occidental, curiosamente Haruki Murakami es considerado de los escritores orientales el más occidental, escribiendo novelas al más puro estilo norteamericano, pero nunca dejando de lado ese complejo mecanismo de la fantasía que no puede razonarse.

El autor sabe jugar con las emociones del lector. Sabe empaparlo de conocimiento para luego empezar a unir las piezas de un puzzle gigante al que al principio no le encontrábamos sentido, de una manera original y pocas veces vista. Así crea en el lector esas ansias de querer seguir leyendo, de querer conocer una pieza más de ese puzzle que, aunque cada vez se nos torne más complejo, se nos antoja adictivo y delicioso. Los personajes de la novela son de esos que nunca se olvidan, parejas entrañables como Hoshino y Nakata, éste último con reminiscencias de un Dios más aventajado que muchos que conocemos aunque sea un tonto rematado, más sabio aún que el que murió diciendo que no sabía nada, nos hacen el camino ameno y divertido. Gran parte del libro es observado desde los ojos de ese niño de quince años que quiere ser el niño de quince años más fuerte del mundo, aunque al final demuestre como humano que es, lo frágil de nuestra existencia. La complejidad de un personaje como la señora Saeki nos meterá aún más de lleno en la historia, a la vez que nos sumergirá en más y más preguntas. También admiraremos ese sabio mentor que parece ser un segundo padre para él llamado Oshima, encargado de la biblioteca Kômura, con su obligada metáfora a la biblioteca que todos llevamos dentro, la de nuestros propias historias, nuestros recuerdos, donde sucederán grandes momentos de esta extravagante historia.

La novela conforma una enorme alegoría a la soledad del hombre y a la belleza de los sueños. Haruki Murakami nos demuestra que el punto entre la fantasía y la realidad nunca está determinado, y que el mundo de los sueños no tiene porque necesariamente estar tan lejos de nuestra propia existencia.

 

Autor

Haruki Murakami (村上 春樹 Murakami Haruki), nacido el 12 de enero de 1949 en Kioto, Japón, es un conocido escritor y traductor japonés. Murakami ha publicado varios best-sellers y colecciones de cuentos.

A pesar de nacer en Kyoto, vivió la mayor parte de su juventud en Kobe. Su padre era hijo de un monje budista. Su madre era hija de un mercader de Osaka. Ambos enseñaban literatura japonesa.

Estudió literatura y drama griego en la Universidad de Waseda (Soudai), en donde conoció a su esposa Yoko. Su primer trabajo fue en una tienda de discos (tal como uno de sus personajes principales, Toru Watanabe de Norwegian Wood). Antes de terminar sus estudios, Murakami abrió el bar de jazz “Peter Cat (Gato Pedro)” en Tokyo, que funcionó entre 1974 y 1982.

La ficción de Murakami, que a menudo es tachada de literatura pop por las autoridades literarias japonesas, es humorística y surreal, y al mismo tiempo refleja la soledad y el ansia de amor en un modo que conmueve a lectores tanto orientales como occidentales. Cabe destacar la influencia de los autores a los que ha traducido como Raymond Carver, Francis Scott Fitzgerald, Raymond Chandler o John Irving a los que considera sus maestros.

 

Sinopsis

Kafka Tamura se va de casa el día en que cumple quince años. La razón, si es que la hay, son las malas relaciones con su padre, un escultor famoso convencido de que su hijo habrá de repetir el aciago sino del Edipo de la tragedia clásica, y la sensación de vacío producida por la ausencia de su madre y su hermana, a quienes apenas recuerda porque también se marcharon de casa cuando era muy pequeño. El azar, o el destino, le llevarán al sur del país, a Takamatsu, donde encontrará refugio en una peculiar biblioteca y conocerá a una misteriosa mujer mayor, tan mayor que podría ser su madre, llamada Saeki.

Si sobre la vida de Kafka se cierne la tragedia –en el sentido clásico–, sobre la de Satoru Nakata ya se ha abatido –en el sentido real–: de niño, durante la segunda guerra mundial, sufrió un extraño accidente que lo marcaría de por vida. En una excursión escolar por el bosque, él y sus compañeros cayeron en coma; pero sólo Nakata salió con secuelas, sumido en una especie de olvido de sí, con dificultades para expresarse y comunicarse… salvo con los gatos. A los sesenta años, pobre y solitario, abandona Tokio tras un oscuro incidente y emprende un viaje que le llevará a la biblioteca de Takamatsu. Vidas y destinos se van entretejiendo en un curso inexorable que no atiende a razones ni voluntades. Pero a veces hasta los oráculos se equivocan.

Edición

Editorial: Tusquets (Colección Andanzas)

Año publicación: 2006 (2005)

 

Conclusión

Es el primer libro que leo de este autor y el último sentimiento que diría que me causó su novela es indiferencia. “Kafka en la orilla” ha marcado, creo humildemente, un antes y un después en mi existencia, se ha identificado con una parte mía de ver el mundo y a la vez se me ha contagiado ese afán de vivir aventuras y a la vez aprender a convivir entre los sueños que nos rodean, aunque la mayoría los ignoremos. He comprendido en su lectura que toda nuestra historia siempre ha sido una épica, y que habrá sangre, habrá muerte, y también existirá el silencio. Sólo apto para corazones aventureros y que quieran morir en un mundo paralelo para luego volver a la realidad más absoluta sin jamás haber dejado de abandonar ese mundo en el que nos adentramos cuando comenzamos la lectura de “Kafka en la orilla”.

Publicado también en: http://www.ociojoven.com/article/articleview/977352/


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