
Hacía ya mucho tiempo que no conseguía creerme la fantasía. No porque sea un incrédulo; me gusta ser crédulo con ciertas cosas, sino porque cuando uno va creciendo y, a la vez que va madurando comienza a descubrir cómo funciona este mundo, cómo funciona la gente, cómo, en realidad, es tan asqueroso a veces este lar de mierda que pisamos, acaba costándole más tragarse que un alienígena pueda aparecer en su cuarto y se lo lleve de viaje a otro planeta, o que cuando una mujer bese a una rana, ésta se haga un príncipe. No soy yo, se los juro. Ha sido el mundo. Señalo con el dedo, ¡es vuestra culpa! Por ello cuando uno crece cada vez busca cosas más difíciles, porque las fáciles ya no se las traga ni a la de tres. He dicho. Si me dan una novela fantástica, difícilmente ya me creo las cosas y me acabo sumergiendo en el mundo, porque acaso ese es el mayor deleite de un libro: conducirte a la evasión y a la catarsis. ¿Es mala fantasía? No, quizá yo me haya convertido en un mal lector. O el mundo me ha hecho un mal lector. O, sí, es una puta mierda tu fantasía. Como ven, no descarto ninguna posibilidad. Pero me cuesta, me cuesta mucho, se los juro, meterme cada vez más en esos mundos tan dispares al nuestro, o no tan dispares pero que conllevan consigo algo de esa magia que nos pueda hacer soñar y a la vez transportarnos a un lugar mejor. A veces, también, esto va por etapas. Hay días que me levanto más crédulo y otros más imbécil. Supongo que también va con los estados de ánimo. Y con algo de voluntad.
Toda esta introductoria fútil y delirante no es más que para deciros que he descubierto un trocito del niño que había perdido. ¡Sí! ¡No, no te voy a decir el truco! Bueno, sí, os voy a decir qué es lo que lo ha motivado a salir de mis adentros, al menos, al mío, a mi niño, a esa persona que un día fui y ya no reconozco. La historieta. Los comics. Sí, eso mismo, Seguramente te haya venido tu infancia a la cabeza de repente, apreciado y aburrido lector; ¿no ves los ojos de ese niño que te observa? Resulta que yo nunca fui, en esa adolescencia de la que comienzo a separarme a trompicones, muy dado a leer este tipo de ocio; me gustaban más las novelas y los relatos, los cuentos y la poesía, los ensayos y los artículos. Pero ¿por qué reducir el arte cuando puede ser tan amplio y variado? Recordé, gracias a un buen amigo muy aficionado a estos temas, que yo de niño también coleccionaba algunos comics. Sí, es parte de mi infancia, y hace poco les hablaba sobre varios de ellos que tiré a la basura; qué curiosa y estúpida paradoja. En realidad, yo, desde siempre, he tratado de aprender y comprender, de hacer y de recibir, todo aquello que en este mundo llamamos arte. Sí, lo llevo adentro, amigos. Siempre me gustó dibujar, e inventar cosas; y practicar con cosas de las que no tenía ni idea; crear juegos inútiles pero con los que en la pandilla de niños que éramos nos divertíamos como nadie; me gustaba tramar planes y bandas de detectives pueriles y enanos, pero muy, muy –creedme- avispados; deseaba inventar algo que revolucionara el mundo –aunque en esta parte ya creo que todos se sentirán algo identificados con esa mitad de si mismos con la que un día recorrieron la vida–; me encantaba crear y ver un folio en blanco; sí, ver el folio en blanco siempre me causó una atracción hipnótica, enajenante y gloriosa. Por ello, cuando he vuelto a coger un comic entre mis manos, y he empezado a leerlo y olisquear sus aventuras y sus desventuras; en este caso las de un capitán pirata, algo muy adentro se me removió y –puedo decir con sinceridad– me cambió algo la vida.
El capitán Harlock. Supongo que a alguno ya le habrá sonado, y otro no tenga ni la más remota idea de qué es esto. Pues bien, yo les comento brevemente. Se trata de una serie de cinco tomos en las que se narra una épica ciberespacial. Les cito el texto de alguien que, más docto seguramente y más puesto en el tema que yo, ha realizado respecto a la serie de estas ingeniosas y geniales historietas:
Cuando los mares de la Tierra se extinguieron, todos afirmaron que a la humanidad le había llegado su hora…
Hubo, sin embargo, algunos que volvieron la vista al infinito mar que se abría sobres sus cabezas y, deplorando el camino que había tomado la humanidad, creyeron con inquebrantable fe en un nuevo y brillante futuro para los hombres… Fueron ellos quienes partieron entonces hacia ese nuevo mar infinito: el Espacio.
La gente se mofó de estos hombres que, en una muestra de valor incomparable, se embarcaron en una nueva aventura.
Les llamaron ilusos, y consideraron que estaban fuera de la ley por perseguir un sueño imposible… Esta es una historia de dicha época… Era el año 2977…
Así, el capitán Harlock y su tripulación, más algún chico aventurero que también estará destinado a pretender salvar el mundo, ese mundo en el que nació y por el que deberá luchar hasta que no le quede aliento, emprenderán una aventura alucinante y frenética. Surcando el negro cielo del espacio, llegando a descubrir misterios de la humanidad tan apasionantes como quién fue realmente el constructor de las pirámides. Y, me cago en Dios –espero que todos los creyentes en este punto del artículo me sepan perdonar, ya que ni siquiera pensaba en ese Dios que ustedes piensan cuando escribí la dichosa expresión–; maldita la coincidencia que ya había hecho yo algo así en aquella novela corta de las que no hace mucho les hablaba. Yo que pensaba que era un genio por haber inventado aquello, y descubro ahora que mucho antes que yo, muchos años más atrás de aún mi pretenciosa existencia, ya alguien se las había ingeniado para inventar algo semejante. Y es que, al fin y al cabo, la fantasía es –como la imaginación– muy grande, pero no infinita. Y se acaban mezclando unas cosas con otras pero es muy difícil ser completamente original; ¡mas cuando el mundo ha dado ya tantas vueltas! Por esto también soy menos crédulo, porque me cuentan una historia que ya he escuchado en miles de ocasiones. A veces, simplemente, lo que importa es el cómo nos lo han contado. Y aquí, en mi rotunda ignorancia aún sobre este mundo tan grande del comic, creo que puedo decir que está hecho muy bien.
Debo decir que aún no he acabado los cinco tomos que componen esta saga; pero estoy deseando hacerlo. ¡No, no! ¡Qué dices! Claro que no deseo hacerlo. ¿O sí? Deseo leerlo pero no deseo acabarlo. En realidad, lo que creo que no quiero que acabe es esa repentina felicidad que nos sacude algo cuando nos trata con cariño y nos mueve el alma, cuando algo nos cala y nos trae recuerdos de un pasado maravilloso y extraordinario. Sólo espero seguir, como siempre fui y nunca debí de haber dejado hacer, tan abierto a las tantas ramas que el arte tenga en el mundo, y dejarme llevar por todo aquello que realmente me guste: no cerrar mis puertas a nada, pues nunca sé en cual de ellas puede aparecer la felicidad. Y esto, se lo puede tomar cada uno como consejo propio y personal. Lejos de ser yo alguien para dar consejos, lo doy porque este es mi texto y me sale de las pestañas. También, por cierto, pretendo dentro de poco sumergirme en el mundo de la novela gráfica adulta, lo cual –estúpidamente– tampoco sé porqué no lo llegué a hacer. A veces los prejuicios hacen más daño que los propios juicios; ¡vaya idiotez más grande! ¡Liberen sus pensamientos! Seguro que tienen ya mucho polvo encima… como esos libros que tienen en su estantería y llevan tanto sin leer… y yo, perdónenme pero es que soy alérgico a los ácaros, al polvo, vamos. Y quiero desempolvar mi vida entera. Empezaré encontrando al niño, aunque sepa, irremediablemente, que lo vaya a acabar perdiendo otra vez.
El capitán Harlock:
Yo sólo lucho por lo que tengo fe.
¡Lo hago simplemente porque algo en el interior de mi corazón me impulsa a hacerlo!
¡Surco los confines del espacio!
¡Me llaman el capitán Harlock!
Yo vivo libre bajo mi propia bandera… Y seguiré haciéndolo, en este oscuro mar espacial, en este mar sin futuro, hasta que las fuerzas me abandonen… Viviré libre bajo mi propia bandera…
Vago por los confines del espacio… Me llaman “El capitán Harlock”… Mientras me quede un hálito de vida, viviré libre en este mar sin futuro bajo mi propia bandera, la bandera de la calavera… Viviré libre bajo mi propia bandera…
Vago por los confines del espacio… Me llaman “El capitán Harlock”… Esa voz susurra y me insta a vivir en libertad en esta mar sin futuro… Esa voz canta bajo mi propia bandera… Viviré libre bajo mi propia bandera…
