Palabras, palabras, palabras…

28 Mayo, 2007

Linda

Archivado en: Delirios de Hamlet — Darthz @ 2:04 pm

Hoy es un día de silencio. Lo he notado nada más levantarme. Como cada mañana, he perseguido instintivamente el pasillo hasta la cocina y me he echado un vaso de agua. Poco tiempo después de desperezarme, he descubierto que en ese lugar donde siempre habían estado los cacharros del agua y la comida de la perra estaba vacío. Sólo colgaba de la pared la correa con la que había dado tantas idas y venidas por este mundo. Algo muy adentro de mí, comenzó a agitarse. Ya sabía la respuesta, pero no quería encontrarla. Llevábamos semanas con la perra cada vez peor, y no quería verlo. Quería que mejorase. Que las malditas pastillas sirviesen para algo más que dejar aguas a cada rato por el suelo. Ella iba a mejorar.

Ayer ya apenas tenía fuerzas para mover las patitas. Recuerdo que la primera imagen al levantarme fue verla en el sofá, casi durmiendo, con una manta; y mi madre en el otro, con los ojos llorosos. No quiero decir en el estado que estaba, pero ya era bastante quejoso y malo. Y, por primera vez en estas aciagas semanas, pude ver con claridad el destino que se le había impuesto a este animal que ha pasado toda una vida junto a nosotros. Hoy el despertar, como les contaba, ha sido totalmente distinto. Hoy, la casa entera estaba en silencio, y cuando he mirado a los ojos a mi madre esta vez si ha estallado en llanto. Entonces supe que la señora de negro había pasado esta mañana por nuestro hogar, y lo corroboré cuando al pasar por delante de una habitación pude ver a mi perra envuelta al completo en una manta, tendida sobre el suelo. Algo muy adentro se me ha roto en mil pedazos.

Sé que a todos se nos guarda un hueco en ese lar a donde van los que desaparecen de éste, pero jamás en mi vida un ser querido se me había ido. Y ha tenido que ser hoy. Linda, ya no está junto a nosotros. Somos conscientes de que esto tenía que pasar, pero, al menos yo, jamás pensé que sería de esta forma. Estoy herido, sí, y me parece que esta herida, aun cuando cicatrice, seguirá haciéndome daño. Todos la llevaremos en el recuerdo, aunque todavía desearíamos llevarla con una correa por la calle. A un lugar muy lejano ha tenido que ir.

Todos recordaremos su indiferente mirada, sus orejas de terciopelo y su entusiasmo ante el mundo. Un día aburrido, ella lo convertía en algo alegre. Así era Linda. Siempre correteando por los pasillos, dando luz en la oscuridad, ladrando a cada nueva llegada. Recuerdo que últimamente andaba más cariñosa que nunca, y, cuando mi madre salía a trabajar por las tardes, ella venía perezosa por la casa y se adentraba en mi habitación. Se subía a la cama, a pesar de mis continuas riñas. Y le gustaba regocijarse en cualquier rincón del cuarto. Parecía que buscase cada vez más cariño, un cariño que, en muy poco tiempo –quizá ella lo supiese–, no le podría ser dado. Todos recordaremos esos ladridos como eco en el telefonillo cada vez que alguien llamaba, esa postura defensiva que tomaba ante las zapatillas de su dueña cuando ella no estaba, protegiendo aquello de las personas que, prácticamente, le habían dado la vida.

Hoy es un día triste. No sólo triste, vacío. Y presiento que éste va a ser un verano de tormenta y recuerdos. Sé que ninguna de estas palabras son merecimiento para lo que ella nos ha dado, sé que ningún texto ni ninguna lágrima compensará cuánto nos ofreció en vida, y que la realidad es que ella ya no está junto a nosotros. Pero necesitaba indefiniblemente escribir esto, escribirle a ella. Escribirte a ti, Linda. Fueron muchos los momentos en que, con sólo mirarte, mis problemas desaparecieron; al menos por un momento. Fueron muchas las veces en que viniste hacia mí, prestándome tu lomo para dar alguna caricia, y con tan sólo ese gesto la soledad que me inundaba se quebrantó. Dabas juego y dabas paz, dabas momentos de alegría y entretenimiento. Dabas vida. Y hoy la vida es lo que nos falta.

Son muchas las cosas que hoy me olvido, y muchas las que recuerdo y no puedo siquiera expresar. A un lugar muy lejano has tenido que ir, Linda. Sólo quisiera, como último deseo, que sea cual sea el lugar donde ahora estés, en el sueño o en otra vida, el cielo entero te sea regalado hoy; y aún faltarían nubes para llenar un poco de ese vacío que tú a nosotros nos hiciste desaparecer. Comprendo que tu tiempo en esta vida se ha acabado, aunque todavía no quiera verlo y necesite abrazarte y acariciarte esa cabecita aterciopelada. Comprendo que debo abandonar el mundo de Oz y volver, como Dorothy y su perrillo, a la descarnada realidad. Ni aún así, dejaré de pedirle al mago por tu felicidad allá donde estés, aunque ni siquiera quizá sepas qué es eso. Por ello te amábamos, y por ello te amamos, porque, sin quererlo, hacías feliz a los demás. Y eso es algo que hoy ya nadie nos puede quitar.

Hoy, Linda, el cielo es tuyo.

Blog de WordPress.com.