
Suena de fondo “Just like heaven”, del grupo The Cure. Tuerzo mi mirada y me encuentro, de golpe en esta noche mágica, con la obra que acaba de devolverme la felicidad infinita: Blankets. Una novela gráfica de Craig Thompson. Una delicia para los sentidos. Amor hecho física. Justo como en el cielo.
Hace apenas unos minutos que he cerrado el libro y ya echo de menos sus páginas. Craig Thompson ha jugado estos días con mi corazón, con mis recuerdos. Y me los ha lanzado de golpe a la cara. Los ha revuelto como una sábana desordenada al amanecer. Y yo, ya despierto, aún no me lo creo. No pensaba que en una historia llena de viñetas y algunas letras pudiese haber tanta poesía. Y, como tantas otras veces, descubro que he pecado de estúpido. Que lo que he visto es una obra de arte. Que lo que he leído era literatura. Poesía.
Hay una cierta habilidad que sólo he encontrado, a lo largo de toda mi vida, en algunas personas. Y, a pesar de la reconocida calidad de muchos literatos, escritores, periodistas, políticos, amigos, amantes; hay algo que sólo algunos esconden adentro, algo difícil de sacar pero que, con un suave soplido de viento, cuando sale, te estremece el corazón. Te eriza el vello y te hace sentir historias que creías ya lejanas en tu piel nuevamente. Porque no sólo la manera en que enhebra las historias te consuela con que estás leyendo algo realmente bueno, sino que la maestría que denota a la hora de escribir, a la hora de dibujar y de explayar sus sentimientos en trazos oscuros y blancos, es sencillamente magistral. Inolvidable. Esa habilidad la tiene Craig Thompson.
Blankets es la historia de un amor y de un fracaso. Aunque bien podría resumirse todo eso en la historia de un amor, simple y llanamente; Blankets tiene aún más que una historia: tiene tragedia y tiene recuerdos, tiene olor y tiene cadencia; tiene infancia y tiene adolescencia, pisadas en la nieve y recuerdos olvidados. Tiene todo lo que puede tener o haber tenido nuestra vida, y nos golpeará incesante a todos aquellos que alguna vez hayamos amado. El recuerdo de ese primer amor tan brillante aún en nuestra cabeza será de nuevo traído por el viento de esta obra, una brisa que tan fresca como llega te puede acabar helando la piel, el alma y la sangre. Fugaz como un recuerdo.
En Blankets se respira el amor y la tragedia. Por eso podemos decir que es una verdadera épica con la que todos, alguna vez, nos hemos batido a duelo. Muchos, dejándonos la vida y un trozo de otra en ello. La obra es un conjunto de preciosas referencias artísticas y literarias: con un gran peso bíblico en ella, lo cual por cierto me terminó gustando, por la forma en que lo trata: primero siendo un esclavo de ella, finalmente, cuando se hace adulto, liberándose. Mirando a la luz. Cegándose. Y en ello una nueva metáfora a la caverna de Platón. Y a la filosofía de todas las épocas. Al paso del tiempo. Al amor, a la muerte. A la fugacidad. Al eros. En palabras del autor:
“A veces, al despertarme, el sueño que aún permanece puede ser más atractivo que la realidad, y uno rehúsa abandonarlo. Por un momento te sientes como un fantasma… No materializado del todo, e incapaz de manipular tu entorno. O también, es el sueño el que te persigue. Esperas la promesa del próximo sueño. Pero el acto de despertar depende del recuerdo. Utilizamos el rito como medio para recordar…las vacaciones como un rito con significado… y las estaciones como marcas del paso del tiempo.”
Creo que es un buen ejemplo para ver la enorme sensibilidad que tiene el autor para contar historias, para hacernos llegar las historias.
Craig Thompson llega al corazón de los que hacemos –o intentamos hacer– arte. Envuelve al espectador de la obra en ese frenesí onírico que nos atrapa a los que, desde muy pequeños, soñábamos con la creatividad y con un mundo lleno de magia. Al descubrir que ese mundo, cuando adultos, era vacío, hueco, triste, blanco; nosotros, los escritores, pintores, dibujantes, cantantes… les pusimos nuestra propia música. E hicimos magia. Y él, a la vez que nos enseña la magia en la obra, nos induce de lleno a ese proceso de creación que todo el que sueña con hacer esa magia sabe que existe y lo ha experimentado más de una vez: juega con nuestros sueños, con nuestra capacidad de entender el mundo y la realidad, y nos la devuelve pintada de otro color. Más viva. También, más dolorosa.
La historia entera, aunque suene bastante mal, es una historia de mantas. Blankets. Las mantas con las que en la cama, de pequeño, compartía con su hermano; la manta que Raina teje para él. Las mantas que lo refugiaban del frío y le hacían soñar –y ahora hablo tanto del personaje como del autor, pues esto es en realidad una obra autobiográfica– debajo del edredón; las mantas que, en verano, repudiaban pero a las que irresistiblemente acababan siempre volviendo. La manta que nunca, aún una vez roto el amor por Raina, sin saber siquiera porqué, llegó a tirar. Las mantas que le hicieron ver la belleza de sus sueños, y, también, la tragedia del despertar.
Es fácil sentirse herido con Blankets. Y sentirse dañado cuando uno acaba la obra. A fin de cuentas, nadie nos dijo que en la felicidad no existiera la tristeza del recuerdo.
Casi como el cielo.
Autor
Craig Thompson nació en Traverse City, Michigan, en 1975, y se crió en una pequeña población rural de Wisconsin. Su primera novela gráfica, GOOD-BYE, CHUNKY RICE, ganó el Harvey Award al autor revelación y fue nominada a los premios Eisner, Ignatz, Firecraker y Tagle. Durante la realización de Blankets, Craig pagó las facturas escribiendo guiones, dibujando y diseñando cómics e ilustraciones para Nickleodeon, DC, Dark Horse, Marcel, OWL, Nacional Geographic Kids y muchas otras publicaciones. En la actualidad vive en Portland, Oregon.
Edición
Astiberri Ediciones
Traducción: Raúl Sastre
Diseño y maquetación: Manuel Bartual
Rotulación: Estudio Fénix
Conclusión
“En este libro, Craig Thompson se revela como uno de los jóvenes maestros del cómic: con una forma narrativa depuradísima nos transmite una historia personal con una fuerte carga de dolor, descubrimiento, diversión, penitencia, convicción religiosa y su pérdida… con el consiguiente auto-rechazo. En esta narración de una familia y de un primer amor, lo que no ha salido bien en la vida funciona perfectamente en el mundo del arte. El Sr. Thompson es astutamente modesto al dejarnos boquiabiertos con su combinación de habilidades. Su experta unión de palabras, dibujos y resonantes silencios conforma una forma trascendental de narración que te atrapa a medida que vas leyendo y que se prolonga cuando acabas. Es lo que yo llamo literatura.”
Jules Feiffer, ganador del premio Pulitzer.

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