
Hoy leía las cartas que, durante varios años de su vida, Franz Kafka le enviaba a Oskar Pollak, Max Brod, y algunas escritas con interés puramente personal, las cuales se encuentran recogidas en el genial y pequeño volumen Sobre el arte de escribir. No he podido dejar de sentir unas punzadas muy adentro, reconociéndome en sus letras, en sus terribles dudas y en la continua insignificancia que muestra ante el mundo. El escritor habla en casi todas con desesperanza, sabedor de que la musa lo ha abandonado y que, misteriosamente (a pesar de que en esas cartas haya una mejor prosa que en cientos de novelas escritas en nuestros días), le impide además de escribir, ser feliz. Porque para Kafka lo interior va unido a lo exterior, y si una cuerda deja de girar, el mecanismo entero se viene abajo: si un día trabaja con toda la voluntad, luego la calidad y esperanza en sus escritos son ínfimas; si es al contrario, quizá pueda encontrar algo de apego, nuevamente, en sus letras.
Y es que, en realidad, Kafka mostraba en todas aquellas cartas la desesperación a la que todo el que escribe es llevado en multitud de ocasiones. El terrible síndrome del folio en blanco queda atrás cuando la necesidad de escribir es, para uno, incluso superior a la de respirar, aunque en la hipérbole el surrealismo pueda parecer que brote por todos sus poros, si es que el absurdo tiene ente física y suda y es, además, humano; lo cual, desde luego, probable no es. Os dejo con un par de pasajes que me han hecho no sólo reflexionar, sino cuestionarme acerca de lo que hago: aquello con lo que todo escritor, tarde o temprano, se enfrenta.
“Mis fuerzas ya no bastan para ninguna frase más. Sí, si se tratara de palabras, si fuera suficiente colocar una sola palabra, para apartarse luego con la conciencia tranquila de haber colmado esta palabra con todo nuestro ser.”
“El modo especial de mi inspiración con la cual yo, el más feliz e infeliz, me dispongo a ir a dormir ahora a las dos de la madrugada (quizás, si soporto el pensamiento en ella, permanecerá, pues es superior a todas las anteriores), es que soy capaz de todo, no sólo ante un determinado trabajo. Cuando escribo al azar una frase cualquiera, por ejemplo “Miró por la ventana”, ya es perfecta.”
