Palabras, palabras, palabras…

11 Septiembre, 2007

Kafka

Archivado en: Literatura — Darthz @ 12:00 am

Leer a Kafka podría decir que es uno de los mayores placeres que se me ha concedido este año. Su inigualable estilo, su atormentado pensamiento, sus absurdas pero creíbles y cercanas historias, su constante imprecisión en un destino que es todavía más impreciso que él, incomprensible e infinito, absolutamente lejano aun a pesar de que uno intente acercarse a sus enigmáticas tierras, no sólo me sorprenden y gratifican sino que me dan la esperanza desesperanzada de creer en el nihilismo nietzscheano que cada vez se apodera más de mis ideas.

Una vez leídos todos sus cuentos completos, una gran parte de sus correspondencias, aforismos y diarios, los cuales me entretuvieron sobremanera y me hicieron en más de una ocasión percibir esa misteriosa sensación que uno alberga cuando se identifica con algo, me dedico a continuar con toda su obra: los cuentos, novelas, relatos inacabados. Ahora me sumerjo en su afamada obra El castillo, donde recorreré a través de “K” (el protagonista) paralelos, inescrutables y eternos caminos que habrán de conducirme, de seguro, a la idéntica desesperación y, por añadidura, al mismo principio. Andar para al final sólo haber recorrido algo que ni siquiera comprendemos; querer entrar y acceder a un lugar de donde ni una mínima parte nos dará la seguridad en nada; es, sencillamente, la magia kafkiana que hoy, en el siglo XX y siempre, alimentará al mundo.

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