Palabras, palabras, palabras…

8 Octubre, 2007

Comienza el viaje

Archivado en: Delirios de Hamlet — Darthz @ 1:55 am

Hacía ya algún tiempo que andaba vagabundeando, pasmado mientras el mundo seguía dando vueltas y yo, muy quieto, pretendía quedarme dormido. En otra vida quizás esto hubiera podido ser posible; pero en ésta no, en ésta, más tarde o más temprano, te dan el zarpazo y te gritan algo al oído, y te levantas. Te levantas perezoso porque, claro, tú soñabas y soñabas y soñabas…

De nuevo ante mis ojos se presentó el tren deseado, pero esta vez logré cogerlo a tiempo. No tuve que correr, ni si quiera llegué tarde. Estábamos los dos, me parece, esperándonos. Entraba en mi primer año de carrera (Filología hispánica), y el otoño se colaba lentamente en nuestras vidas. Ya hacía tiempo que las luces del verano se habían apagado: la gente volvía a retomar sus rutinarios días, sus fríos y comprensibles delirios; los niños cargaban con las mochilas desde hacía varias semanas; y los padres, y las madres, y los abuelos eran nuevamente gente de familia, personas con unas ya conocidas responsabilidades.

Esta vez el tren se transformó en un autobús, en un autobús que me trajo recuerdos pasados y, de forma presurosa, me envolvió en su humanidad. Y todo para llegar a aquel lugar tan romántico del que muy pronto me enamoraría; aquel lugar en el que un grupo de desconocidos, muchos grupos de desconocidos, se estarían dando las manos sin darse cuenta. Allí yacían los deseos escondidos que nunca antes había presentido con tanto miedo. Tanta magia, tanta incomprensible e insatisfecha magia que por fin se saciaba.

Era mi primer día en aquella facultad, también el reencuentro —supuse— de muchos profesores, y el de otros antiguos alumnos que ya anteriores años habrían dado largas vueltas por los patios, los amplios corredores y pasillos… Y el miedo se quebrantó pronto, tras la primera clase y las primeras caras que comenzaron a quedarse en la memoria de uno. Los primeros compañeros, las primeras palabras; los mismos nervios que se disolvían ante la pasión que ofrece una nueva aventura.

Hoy escribo a patadas, y eso nunca es algo que me convenza; pero me habían animado a escribir sobre esto y yo mismo, desde hacía algunas semanas, tenía en la cabeza el plan de hacer un seguimiento de las cosas que fuera viendo o que aprendiese en este nuevo viaje, y entregároslo entonces como hago ahora. Pero me falta inspiración; me falta el aire necesario para gritar sin dilaciones de ningún tipo, me falta la fuerza. Estoy perezoso. Sin embargo escribo, sin saber siquiera si de nuevo volveré a hablaros de ello.

Las clases y los profesores y las materias, cómo no, tendrán de todo, pero me han transmitido algo bueno, y la ilusión —la cual echo de mi vida a patadas y, tan pronto como viene de nuevo a buscarme, la abrazo y la amo— de momento es algo que agradezco, que añoro y que estimo. El lugar en general es apacible; me transmite una confianza singular, un añorante aire barroco y antiguo que me llena de melancolía y me seduce. Las clases suelen ser pequeñas y están cargadas de una familiaridad de la que —estoy seguro— se irá adueñando todavía más de los grupos a medida que avance el curso, debido a los pocos transeúntes que, perdidos o no, caminamos todavía por las letras que nos prestan sus zapatos.

Son muchos días y muchas noches, y muchas caras amargas y muchas caras alegres las que nos esperan; son muchas las experiencias, en definitiva, que aguardan en este tren que aún no es más que un pequeño vagón lleno de incertidumbre y deseos. Yo sólo espero estar preparado cuando sienta las vías del tren vibrando bajo mis pies; sin caer, aferrado a las sillas, a los barrotes de acero y a mis propios zapatos.

Y aguantar las hostias que por el camino, seguramente, nos lloverán. O dicho de una manera más positiva: sacar el lustre a ese libro que tantas veces ignoramos por miedo normalmente a fracasar, y que está lleno de esperanza.

Como bien empecé esta odisea, invitándoos a seguirme por el mar de las “palabras, palabras, palabras…”; hoy os vuelvo a citar lo mismo, para que todos nos bañemos en él sin reparos y, desnudos o con ropa, gritemos palabras aún si en su mayoría creamos que carecen de sentido. Están de nuevo invitados a acompañarme en este tren.

Comienza el viaje. Y aquí estamos, de nuevo mirando hacia el horizonte, mientras que sobre esa línea inerte llueve un terrible silencio.

8 comentarios »

  1. Disfruta del viaje universitario a tope. Por lo pronto, ya estás paladeando cada día de tu nueva aventura.

    Que te dure…

    Un saludo

    Comment por wallias — 8 Octubre, 2007 @ 8:55 am | Responder

  2. No ha nada mejor que disfrutar de los viajes, no ha más remedio que emprenderles (o lo haces o dejas que te salgan hojas y raices)

    Hablas de ilusión, creo que no la encuentras si no que la llvas contigo, cuidala porque es algo que vale mucho.

    Un saludo,

    Pedro.

    Comment por Pedro Escudero — 8 Octubre, 2007 @ 2:53 pm | Responder

  3. Un nuevo viaje, una nueva ilusión… muchisima suerte y no te bajes del tren hasta el final del trayecto, porque no te va a hacer falta hacerlo.

    I love you

    Comment por Lore — 8 Octubre, 2007 @ 3:14 pm | Responder

  4. Espero que te vaya bien en la facultad, disfruta de esos días al máximo. A ver cuando nos vemos por el gimnasio, hombre.
    Saludos.

    Comment por David Saltares — 8 Octubre, 2007 @ 7:33 pm | Responder

  5. Darth me queda por escuchar aquello de ¡Pasajeros al treeeenn!

    Un saludo y suerte.

    Comment por Makiavelojohn — 8 Octubre, 2007 @ 10:11 pm | Responder

  6. De los viajes me encanta ya la previa, cuando aún se están gestando, cuando la ilusión va transformándose en posible y de ahí a realizable. Los preparativos, los sueños y el tiempo que ya falta antes incluso de partir.
    Y luego el viaje en sí.
    No, no quiero saber cuando termina :)
    Avanti!!!
    Buen viaje!!! :)
    Un abrazo!

    Comment por ninive — 10 Octubre, 2007 @ 9:27 pm | Responder

  7. Cuánta razón llevas en lo que has escrito, una nueva etapa comienza, es hora de disfrutarla al máximo. Mucha suerte en tu carrera.

    Saludos.

    Comment por illbnet — 13 Octubre, 2007 @ 1:56 am | Responder

  8. Has subido al tres, o al autobús, da igual, y ahí comienza la aventura, un viaje del que nunca vas a poder regresar porque te va a dar tanto que cuando vuelvas ya no serás el mismo. Me alegro de haber compartido tu primera impresión, y sigue contando que afloran los recuerdos y éstos nos mantienen firmes.

    Un beso

    Comment por isabel chiara — 13 Octubre, 2007 @ 8:04 pm | Responder


Canal RSS de los comentarios de la entrada. URI para TrackBack.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.