Reconozco que haber leído este libro… me ha herido. Aunque el autor ya nos avisa en su irónica, breve y genial introducción:
¡Atención, señores!… Este es un libro de poemas clasificado (S), y no por lo pornográfico sino por la realidad cruda y latente que refleja. Por su verdad. ¡Por mi gran verdad!
De ahí su título: ¡No leáis!… ¡HIERE! y me permito el lujo de añadir: «Se advierte al público que este libro, por su temática o contenido, pudiera herir la sensibilidad del lector».
Y sigue así (con el siguiente párrafo creo que podríamos hacer una buena síntesis de la obra y del autor):
Ya sé que muchos de ustedes dirán que soy duro e irónico en ocasiones, hasta hiriente, pero yo les aseguro que toda esa rudeza no es ni más ni menos que los perfiles de un pensamiento, de mi pensamiento, hecho palabra en este poemario desgarrado y doliente, pero también lleno de esperanza y de vida, como reflejo en algunos de los más amargos e irónicos poemas…()… También soy romántico, un gran romántico, aunque muchos se empeñen en decir que ya no se lleva. Y aunque sufra por ello, ¿qué romántico no sufre por serlo?
Felix Fernando Medina Mendoza, este es el hombre del que hablamos. Un gran desconocido; al menos lo era para mí. No fue hasta llegar a lo que ha sido para mí estos días un gran y alucinante descubrimiento, a una librería de viejo (o añejo, o de ocasión, como queráis llamarla), cuando comencé a olisquear ediciones antiguas, algunas descatalogadas, libros más nuevos y otros algo estropeados, amarillentos, con ese color característico que el tiempo deja en determinados tipos de papeles; cuando comencé a hablar con Chencho, el dependiente, que acabé sabiendo que había desaprovechado estos tres años anteriores de mi vida comprando libros a precio de putas de lujo, cuando allí mismo, ediciones iguales o incluso mejores, estaban por módicos, hasta tirados, ruines, miserables, precios de mendigo. Azul es el nombre del lugar, que guiña un ojo a Joyce… desde el azul, también, que es el sur, que es Cádiz…
Todas las cosas que me he llevado estos días las he ido buscando; muchas me las topé allí de golpe, pero todas en conclusión más o menos ya las conocía. Excepto esa, que me llevé simplemente por el título: ¡No leáis!… ¡Hiere! Chencho, viendo mi perfil romántico, enseguida me lo alcanzó y me hizo saber también de su ignorancia respecto a su contenido. Pero el título mola. El título es fantástico; es el mejor título que he leído en tiempos (quizá en toda mi vida). Sí, sin duda es una frase de esas que uno no olvida. Y uno soy yo.
¿Qué tiene de especial este libro? El título y la introducción. ¿Lo demás? Lo demás no vale una mierda; y esta es mi impresión generalizadora del libro. Ahora, profundizando, saqué una enorme, enorme y triste reflexión sobre su contenido, sobre el autor, sobre su “cruda realidad”. Él mismo nos reconoce que no pudo siquiera acabar la primaria; vaya, un hombre sin estudios, pero que, a pesar de sus dificultades, quiso aprender y acabó hasta editándose (y vendiendo, al parecer) su propio libro de poesía:
También va este poemario contra los que dicen que no se puede tener una base de cultura si antes no se ha pasado por la Universidad, como si la cultura no se pudiera alcanzar por otras vertientes, como puede ser, por ejemplo, la ilusión y el coraje de superación y el reto que me he planteado frente a los inhóspito y hostil de las circunstancias que me rodean.
¿Hiere, verdad? Pues sí; se respira una honda tristeza en sus palabras, tan honda que acaba convirtiéndose en ironía, en humor (me reí bastante anoche de madrugada leyendo determinados versos), en acidez que acaba siendo med
iocre… En protesta. Porque eso es, al final, el libro: una enorme protesta por todas las injusticias que le taparon las otras caras del mundo que no podía ver y que, sin embargo, quería custodiar a toda costa. Y lo consigue; es un merito, se le aplaude. Es grande. De cada cien personas que nacen en tales circunstancias, sólo una podría querer escribir poesía y editar su propio libro. Sólo uno podría acabar queriendo ser aún más desgraciado.
Reconozco también que es un buen publicista; y como buen publicista, se sabe vender. A mí me hizo tragármelo todo; y con tal título e introducción uno se creó unas enormes expectativas frente a lo que luego las páginas le depararían:
Como verán por la manera de hacer los versos, la mayoría de éstos no son de corte clásico, ni académicos… son versos rotos, desgarrados, íntegros en su origen, como muy bien dice mi gran amigo Antonio Montaut, pintor de sencillas realidades, y León Felipe, uno de mis poetas predilectos cuando habla de conseguir el ideal poético: «Deshaced el verso, / quitadle los caireles de la rima, / el metro, la cadencia / y hasta la idea misma. / Aventad las palabras, / y si después queda algo todavía, / eso será la poesía». Este concepto de poesía tal vez moleste a ciertos poetas que construyen sus versos con todo lujo de ornatos y figuras deslumbrantes, ero carentes, en la mayoría de los casos, de los valores primarios, que son la espontaneidad creativa, la imagen del qué se quiere decir y cómo se dice, con clara y rotunda verdad, quedando tan sólo la imagen superficial en unos versos bonitos.
Toma declaración de intenciones; toma crítica al academicismo; toma crítica al escritor de boquilla. Claro, todo aquello que él odiaba; quizás porque nunca siquiera pudo tener la oportunidad de acercarse a éstos que, por condiciones, le ignoraban por no pertenecer a sus elites, a sus ambientes, a su cultura.
Termina la introducción diciendo:
Ironía… ¡sí!, pero también mucho dolor y mucha angustia. Y mucho Amor y mucha esperanza, aunque aparente lo contrario, o lo contrario opinen quienes no les gusto. Y mucha sinceridad.
No leáis!… ¡HIERE!
Hasta ahí uno se siente bastante animado, casi en éxtasis cuando se reconoce incluso en esas ácidas ironías, en esa mezcolanza atrapada en una prosa tranquila… alegre a ratos y resentida en otras; uno reconoce, además, que Mendoza es bueno escribiendo. Sólo cuando acaba la introducción; porque lo que viene después, en su mayoría, no merece la pena. Siento decir que un poeta no es sólo aquel que expone su pensamiento y lo corta a trocitos, como el carnicero con la carne o el niño corta su filete con el tenedor. El poeta es algo sublime, natural, espontáneo… y experimentado. El poeta busca la belleza, sea con forma o sin forma; pero la busca, tiende a ella… Aquí se llora de manera ridícula; se ríe de manera ridícula; se siente esa inherente condición de hombre marginado que lucha por salir de su jaula… pero no puede. No puede porque, tristemente, como él bien apunta, no tuvo todas las oportunidades que quizá hubiera merecido. Porque siendo como es, y viendo lo que hemos visto, creo sinceramente que este poeta podría haber llegado a ser alguien grande. Alguien en quien creer; alguien que quizá hoy… se vendería por algo más de un euro y cincuenta céntimos en una librería perdida de las manos de Dios.

Y a pesar de que esto parezca una crítica negativa, no lo es. Mendoza se ha hecho un hueco en mi estantería. Porque leerlo, hiere. Porque no leerlo… hiere igual; porque si no leemos, nos hiere la ironía. La ironía de buscar un ser que no se es, e intentarlo de todos modos porque, como bien decía, es un poeta que se busca en “la ilusión y el coraje de superación”; no un poeta de corte clásica, no un hombre que tiene estudios y ha pasado por la universidad. Todo lo aprendió él solo; en las largas tardes de otoños sempiternos, en las tórridas mañanas de veranos en Valladolid, en las terribles cuestas de la vida incomprensible.Y porque todo esto me trae la lágrima fácil.
Porque todo esto me recuerda a mi abuelo, quien, sin pasar por la universidad, es uno de los hombres que más me ha enseñado y al que, desde siempre, he idolatrado. Porque en el fondo lo que estoy haciendo aquí es decir que la poesía de Felix Mendoza no me gusta, que me parece mala, torpe, sencilla, lineal, aburrida… Porque me olvido de quién es: porque olvido que, en el fondo, no es un poeta; es un hombre con ilusión y coraje de superación… que hiere… Y que, también, tiene versos que a uno le conmueven:
Y pese a todo,
cuando medito,
haciendo de todo ello
pregunta concreta,
obtengo una respuesta:
¡Ríete de todo! …
¡Respira, y comienza!
has llegado a tu casa y has cerrado la puerta